Las redes sociales han influido en las formas de actuar contra las desigualdades o de denunciar cualquier tipo de injusticias. La viralidad inherente a la comunicación 2.0 hace posible que este tipo de temas tengan una repercusión mucho mayor que la podrían haber alcanzado en los medios de comunicación tradicionales, tan celosos ellos de sus propios intereses.
No obstante, este activismo creciente y necesario (algún compañero del blog podrá hablar más y mejor de esta positiva evolución) corre el riesgo de convertirse en un mero placebo para las malas conciencias. Muchas veces nos encontramos con simples fakes que corren por los muros de Facebook pidiendo ayuda.
Otras veces no son más que formas de trivializar causas verdaderamente importantes, disolviendo la verdadera naturaleza del problema; Unicef alerta de esta banalización en su propia página de Facebook.
Y, por último, se corre el riesgo de convertir esta movilización en una dosis del soma que describía Huxley en Un mundo feliz: "mi enfado ante X situación tiene reflejo en la firma que he dejado en X plataforma, mi lucha ante X desigualdad comienza y acaba en el click del ratón que certifica mi lucha, ya puedo seguir viendo qué dan por la tele". Lo malo es que no exista tal certificación. Muchas de las páginas clónicas surgidas en los últimos tiempos en las que se puede subir una nueva denuncia para recoger firmas de apoyo realmente sirven de poco o nada, merced a su ligerísima política de comprobación de datos. La estupenda y contundente entrevista que Jot Down hizo a Francisco Polo, director de Change.org, es bastante esclarecedora al respecto.
Hablábamos del activismo creciente y necesario que está desarrollándose en la red, pero no olvidemos, pues, estas otras prácticas que se visten de activismo, huelen a activismo y hablan de activismo, pero son todo lo contrario: pasivismo, anestesistas de conciencias, dormid, dormid...

Me parece muy interesante tu post y coincido con lo que dices teniendo en cuenta el enfoque que has tratado.
ResponderEliminarSin embargo, precisamente acabo de vivir de cerca una experiencia con change.org y estas "acciones solidarias" también pueden tener su lado oscuro. Se trataba de una queja de un cliente cuyo producto está fuera de garantía por mucho y tergiversando y ocultando información consigue el apoyo de mucha gente con el argumento de "firmo porque podría pasarme a mí" consiguiendo con este chantaje poner en riesgo la reputación de la empresa, sus productos y servicios, sus resultados económicos e incluso los puestos de trabajo de los empleados. Para aceptar este tipo de acciones en casos como el señalado, empresas como change.org deberían de aplicar mayor rigor, presentar una documentación acreditativa de los hechos, y darle previamente la posibilidad de argumentar a la otra parte. Este es otro punto de vista de un activismo solidario mal aplicado.
Hola
ResponderEliminarMe parece muy acertada esta entrada. La verdad es que en los últimos tiempos el aumento y la proliferación de plataformas de cerberacción como la mencionada change o avaaz han hecho que este tema cobre cada vez más protagonismo y que surjan nuevos riesgos.
Sin embargo, creo que son un mal menor, una consecuencia de la simple evolución intrínseca a cualquier forma de actuación o protesta.
Todos los aspectos que se exponen en el post son ciertos pero aún así creo que se deben aceptar y asumir y no por ello dejar de actuar y ciberactuar. Por llevar el tema a otro campo, es como si dijéramos que no nos manifestamos más porque hay gente que se infiltra en las manifestaciones y solo buscar generar violencia o que lo que hacemos no vale para nada porque hay mucha gente que se queda en casa y no protestan.
Así que lamentablemente el ciberactivismo no es perfecto, pero no por ello hay que seguir haciéndolo. Igual no siempre tiene efecto pero sí muchas veces. En definitiva, es una forma más de participación ciudadana a adaptada a los nuevos tiempos que no hay que desdeñar.
Conrado García
Coincido con lo que ambos comentáis. Mi opinión, básicamente, es que el activismo 2.0 es necesario (más aún en estos tiempos)y que ha hecho muchísimo por el 1.0. Desgraciadamente, estas páginas, que podríamos denominar "parasitarias", pueden hacer daño al verdadero activismo de entidades como Greenpeace al diluir su empuje con actuaciones que no llevan a ningún lado. Al fin y al cabo, es mucho más cómodo firmar (¡¡sin necesidad de poner el DNI siquiera!!) que hacer un donativo o salir a la calle a protestar. Es especialmente sangrante que, en la entrevista de Jot Down, el responsable de Change.org diga que pretenden convertir en Greenpeace a cada usuario (toma ya).
ResponderEliminarPor todo ello, cuanto más denuncien estas prácticas organizaciones como Greenpeace o Unicef, mejor.
¡Muy buen post, Víctor! Hace tiempo que le doy vueltas a este tema. Pienso que, como bien dices en tu comentario, el ciberactivismo debe ir de la mano de un activismo 1.0, si no no se queda más que en buenas intenciones. Las redes sociales son un buen medio para difundir lo que se está haciendo, no una manera de hacer única y suficiente.
ResponderEliminarEn ese sentido, plataformas como Change.org están bien como medio de difusión, pero sin un apoyo "offline" se pueden quedar en nada y banalizar el propio sentido de la acción.